De una tarea a un juego

Mateo llegaba todos los días diciendo: “Odio las matemáticas”. Y yo, en mi intento por ayudar, le decía: “Pero si no son tan difíciles”. Con el tiempo entendí que esa respuesta solo lo frustraba más.

Las tareas eran una batalla constante hasta que decidimos probar algo nuevo. 

Mateo jugaba Minecraft todo el día y yo, en vez de pelear con él para que hiciera sus tareas de matemáticas, empecé a hacerle preguntas dentro del juego. “¿Cuántos bloques necesitas para hacer una muralla de 10 de ancho y 3 de alto?” Al principio ni se dio cuenta de que estaba haciendo matemáticas, hasta que un día me dijo: “Mamá, ya sé cómo calcular cuántos bloques necesito sin contar uno por uno”. 

Y ahí entendí: no es que odiara las matemáticas, solo que nunca había visto para qué servían en la vida real.

Ese ejercicio transformó su creencia y dejó de ver las matemáticas como un enemigo.

📌 Lo que aprendí: a veces, la clave está en encontrar lo que realmente motiva a nuestros hijos, darnos el tiempo de entender e involucrarnos en eso, que requiere un tiempo extra pero valioso.

  • TIPS
  • Pregúntale a tu hijo qué le gusta hacer en su tiempo libre
  • Intenta transformar las tareas en una actividad lúdica que lo motive
  • Usa preguntas en lugar de ejercicios para fomentar la participación y la creatividad. Ejemplo: “¿Cuánto hierro necesitas para hacer una armadura completa?”
  • Invítalo a resolver problemas dentro del juego. Ejemplo: “Si solo tienes 20 antorchas y cada cueva necesita 5, ¿cuántas puedes iluminar?”
  • En los juegos, cuando pasamos de nivel o ganamos, hay premio y recompensas, lo mismo pasa con sus tareas: mientras más tareas haga, más premios gana.